Los ladrillos que necesitas

Gestionando una necesidad (un poco de contexto)

Querido lector, futuro navegante:

Al principio de nuestro viaje reflexionábamos sobre la necesidad de acumular, mantener y perfeccionar su conocimiento que tiene cualquier profesional en la actualidad.

En esta época en que la tecnología avanza de día en día y en la que tenemos a nuestro alcance más información que nunca, el conocimiento se convierte en una obligación para el crecimiento profesional. Creo que, en eso, estamos todos de acuerdo.

Además, el conocimiento no es estático en ningún área. De hecho, es desafiado constantemente y sustituido por nuevo conocimiento.

Sin embargo, información y tecnología, dos elementos que deberían ser nuestros aliados en la gestión personal del conocimiento (PKM), a veces se vuelven en nuestra contra.

La primera, por su abundancia excepcional, que, como ya comentamos, nos desborda y nos confunde. Es una cantidad que nos impide, por una parte, confiar en nuestra memoria para almacenarla y, por otra, que nos puede llevar muy fácilmente a despistarnos de lo realmente importante y de lo realmente valioso.

La segunda, porque la enorme variedad de aplicaciones disponibles nos puede llevar a estar probando siempre el último grito o, lo que es aún peor, trabajar con un conjunto de aplicaciones que nos ayuden… a no hacer otra cosa que saltar de icono en icono.

Ambas se alían para que estemos en permanente FOMO (temor a vernos excluidos, fear of missing out) y, con ello, en permanente ansiedad.

Y hay que tener en cuenta que, por muy fácil que nos sea acceder a la información y por mucha facilidad que nos den las aplicaciones informáticas para almacenarla y organizarla, siempre tenemos que tomar decisiones respecto a ella, para las que nadie, en general, nos ha formado.

¿Alguien ha recibido, a lo largo de su vida académica, algún curso reglado para tomar apuntes? ¿Alguna instrucción sobre cómo extractar información de un libro o un artículo? ¿Acaso nociones sobre cómo registrar las minutas de una reunión?

Y, más importante aún, ¿de cómo seleccionar lo que es más relevante de todo lo anterior?

Todo ello es necesario porque la información, por si sola, no nos sirve para ese crecimiento profesional que perseguimos. Necesitamos conectar ideas, ponerlas en nuestro propio contexto, para generar nuevas ideas o aplicarlas a nuevos problemas.

Qué fácil es caer en el caos

En este contexto, es muy fácil:

  • Acumular una cantidad enorme de información sin poder responder, sin sombra de duda, a la cuestión de por qué he recogido esa información.

  • Hacerlo en 5 ó 6 aplicaciones diferentes, que no estén conectadas entre sí.

  • Dedicar más tiempo a acumular la información que a procesarla.

  • Tener grandes problemas para localizar la información que hayamos generado.

Y otros de los que hablaremos más adelante, como no saber bien qué hacer con todo lo acumulado.

¿Qué soluciones se nos plantean? Por supuesto, prueba la aplicación x, que es la bomba y lo va a hacer todo ella sola.

O también prueba la aplicación x que es la que mejor funciona con el método y, que es el que se lleva ahora (como el tractor amarillo).

O, peor aún, usa la aplicación x + la y + la z y, así, no se te va a escapar nada (promesa derivada del FOMO).

Entramos, entonces, en un bucle en el que:

  • Parece más importante la aplicación que usemos que los objetivos que persigamos.

  • Si no estamos a la última es que nuestro PKM no es pata negra y vamos a ser unos piltrafillas de la gestión del conocimiento.

  • Dedicamos más tiempo a buscar la aplicación perfecta que a utilizarla.

Al final, nos bloqueamos en la parálisis por el análisis de encontrar la solución informática moderna, que nos lea la mente y se corresponda exactamente con la idea que tenemos en ella de PKM.

Eso, obviamente, no existe.

En cuanto a la información, nos pasa algo parecido: siempre hay una newsletter genial, que todo el mundo sigue en Twitter y que te va a dar todas las claves. Siempre está el libro que todos recomiendan y que tiene todas las respuestas.

Total, que terminamos con mil cosas en la bandeja de entrada, con cien libros por leer y, por supuesto, con el mismo tiempo para procesarlo todo. ¿Y ahora, qué hacemos con ello?

Qué, por qué y cómo

Hoy se hace, más que nunca, imprescindible definir el objetivo que perseguimos, porque en buena parte la complejidad surge de no tener claros los conceptos.

En primer lugar, cada vez que leemos un libro, un post, un artículo de una revista o vemos un vídeo sobre un tema, lo que estamos haciendo es lo que llamamos capturar.

¿Cómo definiríamos capturar? Para mí, consiste en extraer, de diversas fuentes, todos los datos, información y conocimiento que podamos (con los matices que veremos) y almacenarlos de alguna manera fuera de nuestra mente para reutilizarlos.

Esto es clave: no acumulamos por acumular, de una manera casi codiciosa, como si fueran riquezas, sino que acumulamos para generar un conocimiento propio que nos sirva para nuestra vida profesional. Es decir, lo que capturemos debe ser útil y empleable en nuestro trabajo.

Wang Yangming dijo ya hace más de medio milenio que saber y no hacer es no saber.

Evidentemente, el planteamiento es extrapolable a cualquier otro trabajo que te plantees como es, en mi caso, este blog, que no constituye una fuente de ingresos pero que me tomo con la misma seriedad e interés que mi trabajo principal.

Por tanto, si no vamos a acumular por acumular (ya hablamos de ello en un post anterior) tenemos que tener unos criterios claros que den respuesta al qué debemos capturar. Primer objetivo de hoy.

¿Y por qué necesitamos hacer esa captura? ¿Por qué no confiar en mi memoria, como he hecho la mayor parte de mi vida? Llevo muchos años sin tener más archivo que el del trabajo, organizado según me han dicho mis jefes, y no me ha ido nada mal.

Pues ésta es una buena pregunta a la que tenemos que dar respuesta. Segundo objetivo de hoy.

Para terminar, si consigo darte una buena respuesta a las dos primeras preguntas, lo que inmediatamente te va a surgir, querido lector, futuro navegante, es la inquietud de cómo hacerlo. Cuál es la mejor forma de capturar. Qué aplicación empleo. Cuáles son los diez mandamientos de la captura.

Pues bien, ya tenemos nuestro tercer objetivo de hoy.

Con lo que veamos hoy más lo que vimos en el anterior post del área de gestión de conocimiento tendremos ya, más o menos, los primeros pasos en la construcción de nuestro PKM: los ladrillos que voy a colocar y el plano que va a regir nuestra edificación.

El Lego que siempre quise tener

En primer lugar, me gustaría exponerte, querido lector, futuro navegante, de una forma más bien gráfica qué sería, para mí, en un PKM.

Imagina una pirámide: en su base es donde se encuentra el mayor número de bloques. Son muy cuantiosos pues necesitamos un buen cimiento, pues nuestro PKM va a ser muy completo. Pero son, a su vez, los más bastos, los menos elaborados.

A medida que vamos ascendiendo, el número de bloques se reduce, pero cada vez deben ser más perfectos para mantener el contorno de la pirámide, para demostrar la excelencia del arquitecto y de los canteros que han participado.

En la cúspide llegan los bloques con las aristas más definidas, que han requerido más trabajo, en los que se ha puesto toda la experiencia y pericia del cantero. Son los bloques en los que todos nos fijamos, los que más resaltan.

Pues bien, hoy vamos a ver cómo conseguir esos bloques que necesitamos para la base.

También me encanta la metáfora de los bloques de Lego, que ya he utilizado antes. Muchos habremos disfrutado de un tambor de detergente lleno de piezas de Lego de distintos colores, tamaños y formas. La sensación de coger el tambor y volcarlo era, para mí, única. Te sentías capaz de construir el universo entero, con el arma inagotable de tu imaginación.

Piensa que, al capturar, lo que hacemos es llenar el tambor.

Pero date también cuenta de una cosa: en nuestro tambor de detergente no echabas los video juegos, ¿verdad? Ni metías las muñecas de tu hermana (perdonad las referencias de viejuno). Metías solo piezas de Lego. Cuantas más, mejor. Cuantos más colores y formas, mejor. Más cosas saldrían.

Y metías solo las piezas que te permitieran construir tus ideas. Metías componentes de aquello en lo que querías trabajar. Si te gustaban las casas, pues ventanitas y puertas para construir tus casas. Si te gustaban las pistolas (como a mí, que siempre he llevado dentro el espíritu castrense), pues piezas rectas para hacer pistolas.

Pero para hacer casas o pistolas no te servían de nada las ruedecitas.

Pues tu Lego de mayor lo debes llenar con las piezas que contribuyan, de verdad, a esos proyectos y áreas de tu interés que ya definimos. Por muy bonitas que puedan ser, no lo llenes de ruedecitas.

Como nos dice Antonio Simón con su sabiduría de siempre, consume menos información y de mejor calidad. Después asegúrate de extraer de ella todo su valor y enlazarla con conocimientos, proyectos y pensamientos anteriores.

Así es: céntrate en contenidos de calidad, alineados con tus objetivos, con las competencias clave que quieras reforzar en tu crecimiento profesional. Con aquello que te impresione, que realmente te impacte, te haga pensar, te revuelva y te enfrente a nuevos conceptos y pensamientos.

Deja que lo que captures desafíe tu conocimiento. No solo te centres en confirmarlo. Deja que entren nuevas ideas. Revisa nuevos autores, con ideas frescas y diferentes. Confronta lo que ya sabes y mira si puedes enriquecerlo. Si toda la base de tu Lego es azul, quizá le venga bien algo de amarillo. Colorea tu conocimiento.

Sé enormemente selectivo: el hecho de que la base de tu pirámide no tenga que estar trabajada no quiere decir que pongas barro en lugar de caliza.

Pero también ten en cuenta que necesitas una gran cantidad de bloques para construir tu pirámide o para que tu imaginación vuele con tu tambor de Lego. Hay una enorme cantidad de contenido de calidad en internet, al igual que hay una enorme cantidad de contenido bastante malo e, incluso, falso.

Sé incansable en la curiosidad y en la búsqueda. Ya no eres un estudiante al que obligan a tomar notas en clase, a leer ciertos libros, a digerir ciertos contenidos. Eres tú quien eliges. Tienes que tomar la iniciativa y ser proactivo en la captura.

Pero no te dejes llevar por las modas. Puede haber autores muy afamados en el momento cuyo contenido no veas de utilidad. No dudes en descartarlo. Tú eres el arquitecto de tu PKM. Tú eres el navegante de tu vida profesional. Tú decides.

Qué tentación más grande. Sí, voy a leer mucho, voy a ver muchos vídeos, haré unos cuantos cursos. Pero todo quedará en mi memoria, como hasta ahora. ¿A que tienes esta idea rondando en tu cabeza?

Pues, permíteme que te lo diga sin tapujos, por muy memorión que seas, es un gran error. Por dos motivos principales:

  • En primer lugar, porque nuestra mente no está diseñada para almacenar grandes cantidades de información, sino la imprescindible para la supervivencia. Somos moderadamente buenos recordando los aspectos más relevantes de lo que revisemos, pero eso deja fuera una enorme cantidad de matices.
     
    El mundo moderno exige procesar una cantidad de información en un abanico de ámbitos para los que nuestro cerebro no está, en absoluto, preparado. Si queremos que nuestro tambor de Lego sea realmente grande, definitivamente, necesitamos apoyo externo. Con nuestra memoria no basta.
     
    Como dice David Perell, la tinta preserva lo que la memoria olvida.

  • En segundo lugar, porque para poder construir nuestro conocimiento, para establecer esas conexiones y generar nuestras propias ideas, necesitamos reducir el máximo la carga cognitiva de nuestra mente. La captura en medios externos ha demostrado reiteradamente que permite reducir esa carga.
     
    Como nos dice Lawrence Yeo, libera tu mente de la carga del almacenamiento de la información y dirígela hacia la expresión creativa.

Buenos: ya tenemos ideas sobre el qué y el por qué. Vamos ahora sobre el cómo.

Aquí creo que tenemos tres cosas sobre las que hablar:

  • Por una parte, el soporte.

  • Por otra parte, el depósito.

  • Finalmente, el método.

Sí, ya sé que me dirás que la escritura está muerta. Que la gente no lee. Que le cuesta mucho expresarse de forma escrita. Que es un rollo.

Pero no me vas a convencer, porque hay todo un corpus científico que demuestra la importancia de la escritura como forma de ordenar los pensamientos, como forma de estructurarlos. Y, a la vez, como medio para despertar la imaginación, para obligarte a crear tus propias imágenes y tus propias conexiones.

Flannery O’Connor decía que escribo porque no sé lo que pienso hasta que no leo lo que digo.

Sé que es mucho más fácil consumir contenido audiovisual. Pero si de verdad quieres que tu mente vuele, debes leer, no lo dudes. Y, después, escribir para desarrollar tu entendimiento y procesado de lo leído hacia el nuevo conocimiento, tu conocimiento, el que quieres crear.

En cuanto al depósito, aquí hay dos cosas, a su vez, a considerar.

Por una parte, me decanto absoluta y totalmente por el soporte digital. Sé que hay estudios que muestran algunas ventajas del soporte tradicional del papel. Sé que siempre habrá románticos de las libretas. Pero en el soporte digital encuentro algunas ventajas que no existen en el soporte digital y que considero fundamentales:

  • Por una parte, la facilidad de encontrar contenidos en el soporte digital es infinitamente mejor que en el soporte papel.
     
    Hay algunas metodologías (como el archifamoso Zettelkasten o el Bullet Journal) que establecen sistemas de identificación relativamente complejos con el propósito de hacer más fácil encontrar las cosas en papel, precisamente por las limitaciones de este soporte.
     
    ¿Tiene sentido dedicar tiempo y carga cognitiva a inventar cómo encontrar las cosas, cuando podemos dejar que ese trabajo, que no aporta valor, lo realice una máquina?

  • Por otra parte, el soporte digital es eterno. Ocupa poco espacio físico. Con las posibilidades que ofrece el almacenaje en la nube, es difícil de perder.
     
    ¿Cuántas libretas se han perdido en una mudanza? ¿Cuántas se han ido al traste por la humedad o, simplemente, por el paso del tiempo? ¿De cuánto espacio físico dispones en tu casa?

  • En tercer lugar, el mundo digital si alguna virtud tiene es la facilidad para conectar contenidos. Los hipervínculos te permiten enlazar unas páginas con otras, como me gusta hacer a mí en los posts, así como unas notas con otras, unos artículos con otros, etc. Es decir, que la necesaria conexión está garantizada de forma simple.

  • Por último, todos tus contenidos, de nuevo gracias a la nube, están disponibles en cualquier lugar. No te puedes llevar todas tus libretas, todos tus libros, revistas, etc. al metro, o de vacaciones, o de viaje de trabajo. Pero tu móvil y tu portátil siempre están contigo y, ahí, lo tienes todo.

El segundo tema es el espinoso asunto de las aplicaciones, es decir, el lugar donde guardar lo capturado. Creo que ya ha quedado claro en otros posts que soy el rarito al que le gusta el entorno Microsoft. Por ello, mi PKM se basa en OneDrive, OneNote y su webclipper y, fuera de ese entorno, en Kindle y sus notas.

Pero da exactamente igual lo que use yo. Lo que importa son los motivos por los que los uso y que te comparto para que tú puedas tomar tus propias decisiones:

  • En primer lugar, huye de tener cuarenta aplicaciones. Lo siento, pero tener una aplicación para capturar lo que tengo que leer más tarde, otra para dictar notas, otra para capturar información de una web, otra para tus notas, otra para tus libros, otra para las notas de tus libros, otra para una estructura de conocimiento, otra para otra…
     
    ¡Es una locura! Dedicas mucho más tiempo a gestionar que a procesar y, sobre todo, a producir tu propio conocimiento. Eso es un riesgo inmenso de las tecnologías actuales: dejarte arrastrar por ellas y ser un devoto servidor suyo y no al revés.
     
    Simplifica al máximo tu ecosistema digital. Emplea tu tiempo en crear valor.

  • En segundo lugar, intenta que tus aplicaciones estén lo más conectadas entre sí y con todo el contenido posible. Huye de tener que trasladar contenido de unas a otras porque, si tiene que ser así, estarás perdiendo la virtud de la conectividad del mundo digital del que hablábamos antes.
     
    Usa intensivamente los enlaces que te conduzcan de un sitio a otro, al menos hasta que puedas procesar la información.

  • En tercer lugar, intenta crear un ecosistema familiar y amigable. Ese es uno de los motivos de más peso por los que opté, con todas sus limitaciones, por el entorno Microsoft, porque me ofrece soluciones para casi todo y conecta perfectamente mi trabajo personal con el de mis clientes.

  • En cuarto lugar, selecciona la aplicación que más te encaje con tu forma de trabajar, con el método que finalmente elijas (del que hablaremos ahora). De nuevo, huye de las modas, de lo más cool o lo que más lleve en ese momento.
     
    No te sientas mal por decir que usas tal o cual tecnología aunque no esté a la moda. Si te sirve y ves eficiente tu forma de trabajar, úsala sin ningún tapujo.
     
    Toma tus propias decisiones y no te dejes llevar, como siempre, por las de otros. Por muy gurús que sean. Ellos no saben en qué trabajas, tu bagaje, tus objetivos y tu forma de ver tu trabajo.

Bueno, solo nos quedaría hablar del método. Esto da, al menos, para otro post, con lo que en éste, para no extenderme más, me voy a centrar en ideas clave para irte calentando la cabeza:

  • Lo primero y principal: igual que tienes que decidir qué capturas, igual que tienes que elegir tus aplicaciones, lo mismo ocurre con tu método. Debe ser el que , finalmente, elijas. Lee, empápate de diversos métodos y, cuando tengas claras sus ventajas e inconvenientes, establece tu propio sistema de captura.

  • Recuerda que la experimentación siempre será tu amiga. No dediques años sin término a identificar tu método ideal. Haz pruebas, verifica qué te funciona mejor, sigue probando y sigue mejorando.

  • El método de captura depende mucho de para qué quieras el conocimiento. No es lo mismo hacer un blog que mejorar tu capacidad de programación. Bucea en tu sector a ver qué ha intentado ya la gente.

  • Recuerda que todo tu trabajo del conocimiento tiene que estar enfocado a poder sacar partido de ese conocimiento. Por tanto, tu método de captura debe proporcionarte datos, información y otro conocimiento lo más precocinado posible, para que la generación de ideas por tu parte a partir de él sea lo más sencilla y directa.

En el próximo post de esta área os daré unas primeras ideas sobre la forma en que lo hago yo. Simplemente, para que tengáis otra opción, otras ideas que valorar y aprovechar o descartar.

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